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sábado, 19 de septiembre de 2015

El camino de la esperanza - Stéphane Hessel & Edgar Morin [ePub]



Hessel retoma en este opúsculo la línea de «¡Indignaos!» y «¡Comprometeos!», ahora codo con codo con otro de los grandes humanistas y defensores de los derechos humanos del siglo XX: Edgar Morin. Lo que en las dos obras anteriores eran llamadas llenas de sentido y fuerza, se convierte aquí en propuestas concretas para que la acción cívica y social cree un camino real de esperanza: propuestas concretas de reforma de la política, de revitalización de la solidaridad, de remoralización, de cambios en las políticas de juventud y empleo, de economía y de desigualdad. Y, por supuesto, en un tema tan querido a estos dos escritores como es la estética, el espacio del arte y la creación gratuita.

Aunque los dos nonagenarios se dirigen directamente a sus conciudadanos franceses, el escrito supera sin problemas la frontera de ese país y acude en auxilio y aliento de todos los que, en el día a día, siguen afirmando que otro mundo es posible.

Descargar: El camino de la esperanza - Stéphane Hessel & Edgar Morin


¡Comprometeos! - Stéphane Hessel [ePub]


Ya no basta con indignarse.
Tras la estela del exitoso ¡Indignaos!, aparece ahora ¡Comprometeos!, un texto que recoge las conversación entre el venerable Stéphane Hessel y Gilles Vanderpooten, un joven activista social y medioambiental.
Concebido como una conversación o entrevista, el texto recoge las preguntas o planteamientos de Gilles Vanderpooten sobre diferentes temas de actualidad (la necesidad de que los ciudadanos nos comprometamos en los problemas de nuestra sociedad, los problemas medioambientales o la crisis institucional, entre otros), junto con las reflexiones que sobre ellos realiza el propio Hessel.
El resultado, no podía ser de otro modo, es un texto interesante, necesario, pero sin la capacidad de incendiar la conciencia del lector que tiene ¡Indignaos!. Probablemente esto se deba a que una parte importante del texto se centra especialmente en temas medioambientales. Por supuesto, la resolución de los problemas ambientales que afectan a nuestro planeta es extremadamente importante; y probablemente la crisis medioambiental, que ahora olvidamos, atentos como estamos a la financiera, sea el reto más importante al que la humanidad se enfrenta.

Descargar: ¡Comprometeos! - Stéphane Hessel

¡Indignaos! - Stéphane Hessel [ePub]


Un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica. El libro que ha despertado la conciencia de más de un millón de franceses.
¡Indignaos! Ha despertado un insólito fenómeno de lectura en Francia, donde ha vendido más de un millón de ejemplares y lleva tres meses en las listas de ventas. En pocas y contundentes páginas, Stéphane Hessel invita sobre todo a los jóvenes a desperezarse y a cambiar la indiferencia por una indignación activa, por la «insurrección pacífica». Hessel logró sobrevivir a la tortura y la deportación en el campo de concentración de Buchenwald y, en 1948, formó parte del equipo internacional redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hoy, a sus 93 años este venerable veterano de la Resistencia ha contagiado su mensaje de esperanza y de rebeldía a millones de lectores a los que invita a «no claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia», porque «ya es hora de que la preocupación por la ética, por la justicia, por el equilibro duradero prevalezcan».
José Luis Sampedro une sus reflexiones a las de Hessel, con un texto exclusivo para la edición española.

Descargar: ¡Indignaos! - Stéphane Hessel

miércoles, 29 de julio de 2015

La indiferencia: la peor de las actitudes - Stéphane Hessel


Es cierto, las razones para indignarse pueden parecer hoy menos nítidas o el mundo, demasiado complejo. ¿Quién manda?, ¿quién decide? No siempre es fácil distinguir entre todas las corrientes que nos gobiernan. Ya no se trata de una pequeña élite cuyas artimañas comprendemos perfectamente. Es un mundo vasto, y nos damos cuenta de que es interdependiente. Vivimos en una interconectividad como no ha existido jamás. Pero en este mundo hay cosas insoportables. Para verlo, debemos observar bien, buscar. Yo le digo a los jóvenes: buscad un poco, encontraréis. La peor actitud es la indiferencia, decir «paso de todo, ya me las apaño». Si os comportáis así, perdéis uno de los componentes esenciales que forman al hombre. Uno de los componentes indispensables: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue.

Ya podemos identificar dos nuevos grandes desafíos:

1) La inmensa distancia que existe entre los muy pobres y los muy ricos, que no para de aumentar. Es una innovación de los siglos XX y XXI. Los que son muy pobres apenas ganan actualmente dos dólares por día. No podemos permitir que esta distancia siga creciendo. Esta constatación debe suscitar de por sí un compromiso.

2) Los derechos humanos y la situación del planeta. Después de la Liberación tuve la suerte de participar en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 en París, en el palacio de Chaillot. Fue bajo el cargo de jefe de Gabinete de Henri Laugier, secretario general adjunto de la ONU y secretario de la Comisión de Derechos Humanos, que participé, junto a otros, en la redacción de esta declaración. No podría olvidar el papel que desempeñó en su elaboración René Bassin, comisario nacional de Justicia y Educación del gobierno de la Francia Libre en Londres en 1941, que fue premio Nóbel de la Paz en 1968; ni el de Pierre Mendés France en el seno del Consejo Económico y Social, a quien enviábamos los textos que elaborábamos antes de ser examinados por la Tercera Comisión de la Asamblea General, que se encargaba de las cuestiones sociales, humanitarias y culturales. Formaban parte de ella los 58 Estados miembros, en la época, de las Naciones Unidas, y yo asumí el secretariado. Es a René Bassin a quien debemos el término de derechos «universales» y no «internacionales», como proponían nuestros amigos anglosajones. Porque ésta era la cuestión al salir de la segunda guerra mundial: emanciparse de las amenazas que el totalitarismo ha impuesto a la humanidad. Para ello, es necesario que los Estados miembros de la ONU se comprometan a respetar estos derechos universales. Es una forma de desbaratar el argumento de plena soberanía que un Estado puede hacer valer mientras comete crímenes contra la humanidad en su territorio. Éste fue el caso de Hitler, que se creyó un dueño y señor autorizado a provocar un genocidio. La Declaración Universal le debe mucho a la reacción universal contra el nazismo, el fascismo, el totalitarismo, e incluso, por nuestra presencia, al espíritu de la Resistencia, que no podíamos dejarnos engañar por la hipocresía que había en la adhesión proclamada por los vencedores a unos valores que no todos tenían la intención de promover con lealtad, pero que nosotros intentábamos imponerles.

No me resisto a citar el artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Toda persona tiene derecho a una nacionalidad», y el artículo 22: «Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la Seguridad Social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación Internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables para su dignidad y para el libre desarrollo de su personalidad». Y aunque esta declaración tiene un alcance declarativo, y no jurídico, ha desempeñado un papel muy importante desde 1948; hemos visto cómo hacían uso de ella los pueblos colonizados en sus luchas por la independencia; sembró los espíritus en su combate por la libertad.
Constato con satisfacción que, a lo largo de las últimas décadas, se han multiplicado las organizaciones no gubernamentales, los movimientos sociales como Attac (Asociación para la Fijación de Impuestos en las Transacciones Financieras), FIDH (Federación Internacional de Derechos Humanos), Amnistía…, que son activos y eficientes. Está claro que, para ser eficaz hoy en día, se debe actuar en red, aprovechar los medios modernos de comunicación. A los jóvenes, les digo: mirad a vuestro alrededor, encontraréis los hechos que justifiquen vuestra indignación —el trato a los inmigrantes, a los sin papeles, a los gitanos—. Encontraréis situaciones concretas que os llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte. ¡Buscad y encontraréis!