Publicidad

Mostrando las entradas con la etiqueta El Salvador. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta El Salvador. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de marzo de 2016

La batalla del agua en Nejapa - Enric Llopis





El municipio salvadoreño de 30.000 habitantes planta cara a grandes empresas como Coca-Cola y Jumex

Emplazado a sólo 15 minutos en automóvil de San Salvador, en el municipio de Nejapa (“río de las cenizas”), de 30.000 habitantes y 83,3 kilómetros cuadrados de superficie, se cosecha café, caña de azúcar, maíz y frijol. Su alcaldía fue conquistada por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en 1994, de hecho, era la primera de la que se apoderaba el partido de la exguerrilla en el área metropolitana de San Salvador desde el final de la guerra, en 1992. Se trata de un pueblo “dormitorio”, habitado en buena parte por gente que trabaja en la capital (el área metropolitana suma en torno a 1,5 millones de habitantes). Los autobuses que comunican Nejapa con San Salvador no lo hacen a través de una línea directa, sino que proceden de otros municipios. El diagnóstico realizado con la participación ciudadana en las comunidades de Nejapa, actualizado hace sólo seis meses, apunta algunas de las principales demandas populares: la mejora de los caminos, las carreteras y del servicio de agua potable.

Los problemas de abastecimiento de agua afectan de modo muy directo a cerca del 30% de la población de Nejapa, aunque el resto de los habitantes tampoco dispone de suministro permanente. Tanto el Ministerio de Medio Ambiente de El Salvador como la entidad gubernamental de aguas (ANDA) reconocen la situación de “estrés hídrico” en el municipio. Sergio Quijada, alcalde de Nejapa por el FMLN desde el año 2009, confirma estas dificultades pese a los ocho pozos de agua ubicados en Nejapa (que abastecen al área metropolitana), y otros dos que suministran agua a la población de este municipio. La alcaldía y los vecinos han señalado, entre otros factores, la responsabilidad de las grandes empresas. Coca-Cola y el grupo Jumex son titulares de pozos de agua en Nejapa que se utilizan como materia prima para las bebidas, sean jugos, refrescos o hidratantes. Según denuncia la alcaldía, Jumex ha realizado desde 2009 vertidos contaminantes que han llegado a colapsar la planta local de tratamiento y contaminado “quebradas” (afluentes de escaso caudal) que pasan por este municipio metropolitano. “No tenemos un control municipal de las extracciones que realizan las empresas”, lamenta Sergio Quijada. “Están esquilmando los pozos”.

“El agua no se vende y Nejapa se defiende” ha sido una de las consignas que ha precipitado la movilización popular, desplegada incluso a través de una campaña internacional. En las ciudades de El Salvador se programaron conferencias a las que no asistió ningún medio de comunicación. Sergio Quijada lo achaca a las inversiones publicitarias de Coca-Cola en los medios salvadoreños. Hace menos de un mes que la campaña global recogió miles de firmas que se entregaron en la delegación de la multinacional estadounidense en Nejapa. “Trabajaremos adecuadamente y reduciremos el consumo”, fue la respuesta protocolaria de la compañía. En un vídeo reivindicativo los movimientos sociales han ironizado con el gran eslogan de Coca-Cola, “la chispa de la vida”, y una exposición fotográfica ha recorrido diferentes municipios del país. “Coca-Cola pretende adquirir otros dos pozos para el embotellamiento de agua en el término municipal”, advierte el alcalde. De momento, el proyecto ha sido detenido gracias a la batalla popular: tres años de empoderamiento y movilización constante. El caso de la explotación de acuíferos en Nejapa por parte de Coca-Cola ha llegado al Tribunal Latinoamericano del Agua.

Aproximadamente el 75% del municipio de Nejapa se corresponde con áreas rurales, trabajadas en gran parte por temporeros y colonos, aunque también están presentes cinco grandes cooperativas agrícolas. La alcaldía reconoce importantes tasas de pobreza, aunque “el fenómeno es general en El Salvador”, matiza Sergio Quijada. “Los ayuntamientos contamos con pocos recursos y la tierra es privada, como mucho podemos hacer acompañamiento para que las cooperativas y los propietarios cedan tierras”. La actividad de las “maras”, que las clases dominantes invocan para exigir presencia policial y encender todas las alertas por la falta de orden público, se aprecia nítidamente en la carretera Apopa-Nejapa-Quezaltepeque, que divide dos sectores controlados por diferentes bandas de “mareros”. La alcaldía vincula estas formas de crimen organizado a factores como la pobreza, la exclusión social y los movimientos migratorios de padres que se han trasladado a México o Estados Unidos, y en algunos casos han dejado a los hijos, huérfanos, en El Salvador.

Además de la batalla del agua, Nejapa ha de pechar con la cuestión de los residuos, pues la contrata –el grupo Mides- cuya concesión vence dentro de dos años, no cumple con las condiciones acordadas en los pliegos. “La empresa no separa ni recicla los materiales, tampoco limpia las calles de la manera que establece el convenio”, subraya Sergio Quijada. La actividad de este grupo empresarial, que empezó trabajando para diez municipios y ha terminado firmando contratos con otros 126 en el área metropolitana de San Salvador, ha generado un gran descontento popular. Teóricamente la resolución del conflicto tendría que pasar por un acuerdo global, que integrara a los municipios del área metropolitana. Mientras, la alcaldía de Nejapa se carga de argumentos al señalar que la empresa descarga lixiviados y residuos sin control en alguna de las “quebradas”, lo que ha causado enfermedades respiratorias y gastrointestinales entre la población.

En ese contexto, uno de los principales objetivos de la alcaldía es convertir a Nejapa en “municipio sustentable”, recuerda el alcalde, quien ha visitado en el estado español algunos de los municipios “hermanos” como Madrid, Tres Cantos, Coslada, Alcorcon, Bilbao, Vitoria y Logroño, además de otros como Valencia. El municipio está impulsando los “semilleros” para la capacitación de jóvenes de manera que se pueda reducir el paro en esta franja de población (al menos el 50% de los habitantes de Nejapa son menores de 30 años). De esta localidad metropolitana también son bien conocidos los festejos populares. Cada 31 de agosto se celebra “la recuerda” o “Bola de fuego” para conmemorar las erupciones del volcán de San Salvador (la última en 1917 y la anterior, en 1656), que obligó por los efectos de la lava y las piedras incandescentes a trasladar el pueblo al lugar donde se localiza actualmente. Antes de las celebraciones del último día de agosto, la gente de Nejapa prepara tela de algodón, que amarra con alambre y deja macerando en gasolina durante un mes. El día feriado se le prende fuego al preparado y se lo arrojan, unos a otros, los bandos previamente organizados.

Tal vez la festividad avale el carácter combativo de los habitantes de Nejapa, lo que les ha permitido paralizar los proyectos de Coca-Cola. El primer edil, Sergio Vladimir Quijada Cortez, no exhibe particular interés en “vender” una inmaculada gestión ni en su promoción política. Tiene familiares guerrilleros que murieron durante el conflicto civil y, además, alguno de sus familiares lejanos llegó a estar con Farabundo Martí. Como economista y máster en Finanzas en la Universidad del País Vasco, sostiene que la prioridad debería ser “romper la hegemonía empresarial de las doce familias que gobiernan El Salvador y abrir el paso a las empresas dedicadas a la economía social”. Destaca algunos de los logros alcanzados a través del ALBA, en concreto, la reducción de los precios del combustible gracias a los acuerdos con Venezuela. Para los municipios agrícolas, “también es muy importante que haya empresas que vendan los fertilizantes más baratos”, afirma. O potenciar las radios comunitarias y televisiones públicas, pues los medios privados ocupan gran parte del espectro con licencias concedidas por muchos años. Resalta el avance que ha experimentado El Salvador –en las dos últimas legislaturas, gracias al FMLN- en el capítulo de exportaciones, sobre todo en los productos tradicionales del país y los textiles. ¿Debido a las maquilas? “No estoy de acuerdo con la actividad de las maquilas: explotan a las mujeres, les pagan una mierda y no contribuyen con impuestos”.

Enric Llopis

jueves, 24 de marzo de 2016

#UnDíaComoHoy 24 de marzo de 1980 es asesinado Monseñor Óscar Romero [Arzobispo salvadoreño]

(Óscar Arnulfo Romero y Galdámez; Ciudad Barrios, 15 de agosto de 1917 - San Salvador, 24 de marzo de 1980) Arzobispo salvadoreño. Formado en Roma, inició su carrera eclesiástica como párroco de gran actividad pastoral, aunque opuesto a las nuevas disposiciones del Concilio Vaticano II. En 1970 fue nombrado obispo auxiliar de El Salvador, y en 1974 obispo de Santiago de María.
En esta sede comenzó a aproximarse a la difícil situación política de su país, donde desde hacía décadas gobernaba el Ejército. Se implicó de lleno en la cuestión una vez nombrado arzobispo de El Salvador en 1977. Sus reiteradas denuncias de la violencia militar y revolucionaria, que llegaba hasta el asesinato de sacerdotes, le dieron un importante prestigio internacional. Ello no impidió que, al día siguiente de pronunciar una homilía en que pedía a los soldados no matar, fuese asesinado a tiros en el altar de su catedral.
Era hijo de Santos Romero y Guadalupe Galdámez, ambos mestizos; su padre fue de profesión telegrafista. Estudió primero con claretianos, y luego ingresó muy joven en el Seminario Menor de San Miguel, capital del departamento homónimo. De allí pasó en 1937 al Colegio Pío Latino Americano de Roma, donde se formó con jesuitas. En Roma, aunque no llegó a licenciarse en Teología, se ordenó sacerdote (1942).
El año siguiente, una vez vuelto a El Salvador, fue nombrado párroco del pequeño lugar de Anamorós (departamento de La Unión), y luego párroco de la iglesia de Santo Domingo y encargado de la iglesia de San Francisco (diócesis de San Miguel). Trabajador y tradicionalista, solía dedicarse a atender a pobres y niños huérfanos. En 1967 fue nombrado Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES), estableciendo su despacho en el Seminario de San José de la Montaña que, dirigido por jesuitas, era sede de la CEDES. Tres años después el papa Pablo VI lo ordenó obispo auxiliar de El Salvador.
Crítico por entonces de las nuevas vías abiertas por el Concilio Vaticano II (1962-1965), Monseñor Romero no tuvo buenas relaciones con el arzobispo Chávez y González, ni tampoco con un segundo obispo auxiliar, Arturo Rivera y Damas. Movido por aquella postura, cambió la línea del semanario Orientación (que desde entonces disminuyó notablemente su difusión). También atacó, sin demasiado efecto, al Externado de San José y a la Universidad Centroamericana (UCA), instituciones educativas dirigidas por jesuitas y, finalmente, a los propios jesuitas, contribuyendo a apartarlos en 1972 de la formación de seminaristas (sustituidos por sacerdotes diocesanos y nombrado él mismo Rector, el Seminario debió cerrar medio año después).
A pesar de esta serie de fracasos, gozaba del apoyo del Nuncio Apostólico de Roma, y fue nombrado obispo de Santiago de María en 1974. De gran dedicación pastoral, promovió asociaciones y movimientos espirituales, predicaba todos los domingos en la catedral, y visitaba a los campesinos más pobres. Bien visto por ello entre los sacerdotes de su diócesis, se le reprochó cierta falta de organización y de individualismo. En 1975, el asesinato de varios campesinos (que regresaban de un acto religioso) por la Guardia Nacional le hizo atender por primera vez a la grave situación política del país.
Así, cuando el 8 de febrero de 1977 fue designado arzobispo de El Salvador, las sucesivas expulsiones y muertes de sacerdotes y laicos (especialmente la del sacerdote Rutilio Grande) lo convencieron de la inicuidad del gobierno militar del coronel Arturo Armando Molina. Monseñor Romero pidió al Presidente una investigación, excomulgó a los culpables, celebró una misa única el 20 de marzo (asistieron cien mil personas) y decidió no acudir a ninguna reunión con el Gobierno hasta que no se aclarase el asesinato (así lo hizo en la toma de posesión del presidente Carlos Humberto Romero del 2 de julio). Asimismo, promovió la creación de un "Comité Permanente para velar por la situación de los derechos humanos".
El Nuncio le llamó al orden, pero él marchó en abril a Roma para informar al Papa, que se mostró favorable. En El Salvador, el presidente endureció la represión contra la Iglesia (acusaciones a los jesuitas, nuevas expulsiones y asesinatos, atentados y amenazas de cierre a medios de comunicación eclesiásticos). En sus homilías dominicales en la catedral y en sus frecuentes visitas a distintas poblaciones, Monseñor Romero condenó repetidamente los violentos atropellos a la Iglesia y a la sociedad salvadoreña.
En junio de 1978 volvió a Roma y, como la vez anterior, fue reconvenido por algunos cardenales y apoyado por Pablo VI. Continuó, pues, con idéntica actitud de denuncia, ganándose la animadversión del gobierno salvadoreño y la admiración internacional. La Universidad de Georgetown (EE.UU.) y la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) le concedieron el doctorado honoris causa (1978 y 1980 respectivamente), algunos miembros del Parlamento británico le propusieron para el Premio Nobel de la Paz de 1979, y recibió en 1980 el "Premio Paz", de manos de la luterana Acción Ecuménica de Suecia.
Aunque no hay certezas al respecto, se ha afirmado que el 8 de octubre de 1979 recibió la visita de los coroneles Adolfo Arnoldo Majano Ramos y Jaime Abdul Gutiérrez, quienes le comunicaron (también al embajador de Estados Unidos) su intención de dar un golpe de estado sin derramamiento de sangre; llevado a efecto el 15 de octubre, Monseñor Romero dio públicamente su apoyo al mismo, dado que prometía acabar con la injusticia anterior. En enero de 1980 hizo otra visita más a Roma (la última había sido en mayo de 1979), ahora recibido por Juan Pablo II, que le escuchó largamente y le animó a continuar con su labor pacificadora.
Insatisfecho por la actuación de la nueva Junta de Gobierno, intensificó los llamamientos a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales del país, la Junta y el ejército, los propietarios, las organizaciones populares, sus sacerdotes e incluso a los grupos terroristas para colaborar en la reconstrucción de El Salvador y organizar un sistema verdaderamente democrático. El 17 de febrero de 1980 escribió una larga carta al presidente estadounidense Jimmy Carter, pidiéndole que cancelase toda ayuda militar, pues fortalecía un poder opresor.
Finalmente, el 23 de marzo, Domingo de Ramos, Monseñor Romero pronunció en la catedral una valiente homilía dirigida al Ejército y la Policía. Al día siguiente, hacia las seis y media de la tarde, durante la celebración de una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, fue asesinado en el mismo altar por un francotirador. Se atribuyó el crimen a grupos de ultraderecha, afirmándose que la orden de disparar habría sido dada por el antiguo Mayor Roberto D'Aubuisson (uno de los fundadores, posteriormente, del partido Alianza Republicana Nacionalista, ARENA); sin embargo, no se detuvo a nadie y todavía en la actualidad permanecen sin identificación y castigo los culpables.

sábado, 30 de enero de 2016

#FotoAérea #Panorámica Ciudad de Santa Ana, El Salvador




Foto Aérea tomada a 400 mts de altura. Pueden descargar y utilizar la foto bajo la licencia de Creative Commons  [Reconocimiento – NoComercial (by-nc): Se permite la generación de obras derivadas siempre que no se haga un uso comercial. Tampoco se puede utilizar la obra original con finalidades comerciales.]



Si se pretende utilizar para uso comercial por favor contactarme.

viernes, 22 de enero de 2016

Atlas de la Pobreza y la Opulencia en El Salvador - Salvador Arias Peñate




En el año 2004, a petición de las organizaciones campesinas del país, elaboramos una estrategia para establecer un salario social. Dicho esfuerzo requería establecer, primero, cuáles eran las condiciones de ingreso de las familias trabajadoras rurales y sus condiciones de vida. Esto nos llevó a rastrear, dentro de la información oficial, indicadores sobre los ingresos de los hogares, el problema del desempleo, los salarios, el tema de las remesas y la situación de acceso a salud, educación, servicios básicos, etc. Desde entonces comenzamos un proceso que duró más de 5 años, en el cual el análisis se fue complicando, dado que nos vimos en la necesidad de elaborar nuevas metodologías para el tema de los salarios y su relación con el costo de la vida, con la canasta de mercado, el costo de los servicios esenciales y la redefinición del término de pobreza, entre otras cosas.
Toda esta labor fue necesaria debido a que, según las estadísticas oficiales, la situación del desempleo, de la pobreza y de las condiciones de vida de la población, no eran tan graves; no obstante la población estaba con hambre y sin trabajo. Cuando vimos los niveles de ingresos y salarios de la población y el alto costo de la vida, nos dimos cuenta de las limitaciones que hubiese tenido tocar solamente el tema de salarios, dado que como en el caso de las personas que viven en el campo, en un hogar rural tendrían que trabajar más de 8 personas, si se quisiera que la familia satisficiera sus necesidades básicas y dejara de ser pobre.
Es de esta forma como se logran introducir nuevas metodologías y nuevos conceptos, en el afán de querer establecer, sin trucos, las condiciones en que vive la población, como podrán apreciar ustedes en el libro que ponemos en sus manos.
Extender el análisis a todas las personas que trabajan en comercio y servicios, en la industria, en la maquila, en la agro industria y a los cortadores de café y caña, nos confirmó que no se puede resolver el problema de la población únicamente con incrementos salariales. En primer lugar, porque quienes reciben salarios permanentes son más o menos la tercera parte de la población económicamente activa y; en segundo lugar, porque subir los salarios hasta los niveles requeridos por los costos de la canasta de mercado, crearía un proceso inflacionario que anularía el artificio monetario de subir los salarios monetarios. Así nos dimos cuenta que el problema estaba relacionado con la distribución del ingreso y, por lo tanto, iba más allá de una simple política de salarios mínimos. Era un problema estructural relacionado con la pobreza y por eso mismo con la concentración y centralización del capital, es decir, un problema que requería analizar el modelo neoliberal en el marco del sistema capitalista.
Estas condiciones hicieron que tuviéramos que elaborar dos veces el documento. Primero, por lo complejo y holístico que se volvió el análisis, cuando concluimos que teníamos que establecer cómo funcionaba el modelo de acumulación y concentración del capital en el marco del modelo neoliberal, haciendo uso de la metodología marxista, y explicar cómo este había llevado a la población a las condiciones de explotación y exclusión que aquí se analizan. En segundo lugar, por el tiempo que corría antes de la finalización de la investigación, mientras las Encuestas de Ingresos y Gastos que salen cada año nos desactualizaban la información. Además, se anunciaron el VII Censo Económico 2005 y el Censo de Población del año 2007. Entonces decidimos reajustar todo el documento, incorporando estos últimos dos censos y tomar como última Encuesta de Ingresos y Gastos la del año 2007. Este cambio le daba más robustez y coherencia a la base estadística para la investigación. Es así que el texto que les presentamos es la segunda versión, lo cual ha permitido, según nuestra consideración, un documento más completo, ya que permite dimensionar por diferentes metodologías la inmensa concentración y centralización que logra la burguesía oligárquica en los veinte años del modelo neoliberal, los diferentes mecanismos que utilizan para esto, así como, establecer desde una dimensión nacional, urbano, rural y a nivel departamental, las condiciones de explotación, de pobreza y exclusión que realmente vive el pueblo salvadoreño.
A través de este análisis hemos podido concluir, con mucha indignación, que somos un país de pobres, explotados y excluidos; con una burguesía oligárquica aliada al capital transnacional que logra niveles de acumulación y concentración de la riqueza y el capital, que son ofensivos para el pueblo salvadoreño y para la humanidad. Igualmente, podemos concluir que este problema no tiene solución en el marco del modelo neoliberal, ni en el marco del sistema capitalista, por lo cual se proponen los lineamientos de un modelo alternativo, que cree las condiciones para desarrollar una transición hacia un sistema socialista, como la única salida para el pueblo salvadoreño.
El libro tiene cuatro capítulos; el primero, desarrolla el tema de la concentración y la centralización del capital, explicitando cómo el modelo neoliberal logra la recomposición del capital de la burguesía oligárquica y su gran aliado el capital transnacional, durante todo el período de posguerra. El segundo capítulo desagrega la situación de la pobreza de los hogares salvadoreños, tanto desde el punto de vista de sus ingresos, como de sus condiciones de acceso a los servicios esenciales, que la misma Constitución de la República establece como derechos de los salvadoreños. El tercer capítulo plantea los lineamientos para lograr construir una Democracia con Desarrollo Sustentable, sin pobreza y con paz social, para lo cual se plantea un camino y las medidas para abrir el proceso de transición hacia la construcción del socialismo salvadoreño y la democracia socialista. El cuarto y último capítulo presenta, primero, un breve análisis comparativo sobre los parámetros que dibujan la pobreza y las condiciones sociales que se viven en los 14 departamentos del país; para luego pasar a una explicación, de manera individual, del proceso de concentración de la riqueza y los niveles de explotación que existen en cada uno de los departamentos, así como su situación de pobreza, producto de la acumulación y la explotación.
Este trabajo, como todos los otros de mi autoría, tiene un carácter colectivo; en él participaron varios estudiantes que ya, en su mayoría, son economistas graduados. De todos ellos, quien vivió todo el proceso, desde el inicio hasta la terminación del libro, fue Sergio de Jesús Gómez Pérez, un incansable, sistemático e inteligente joven economista. Lo mismo puede decirse de José Margarito Nolasco y Vilma Lucrecia Mejía. Además, participaron en las diferentes etapas del esfuerzo, Blanca Estela Carbajal, Nelly Karolina García, Enis del Carmen García, Rubén Figueroa, Carolina Doñan, Luz ldalia Zelada y Laura Zavaleta. En el anonimato queremos agradecer a varios profesionales que nos colaboraron desde la Dirección General de Estadística y Censos y otros que, por su compromiso con nuestro pueblo, hicieron posible con su apoyo económico, esta edición, agradezco el aporte a través de su arte a mi amigo el pintor Augusto Crespín quien realizo especialmente para este libro la pintura que forma parte de la portada. Por último, tenemos que dejar constancia que el Lic. Juan Antonio Chicas, permitirá a los lectores una mejor comprensión de este trabajo, a través de su gran aporte corrigiendo los problemas gramaticales, ortográficos y de estilo, así como también mediante sus contribuciones al diseño final de esta obra.
Mi esposa Marcela, que siempre estuvo cerca animándome para que no cediéramos ante el cansancio que provocara el gran volumen de información, así como su procesamiento, organización y análisis que contiene esta obra. Lo anterior significó sacrificar tiempo de la familia, principalmente de nuestra amada Montserrat, que con sus tres años de edad, requiere amor y tiempo, que en parte fue absorbido por esta obra dedicada a nuestro pueblo y su revolución.
Esperamos que este esfuerzo de más de cinco años de trabajo sea útil para los estudiantes, investigadores de las ciencias sociales y para el pueblo en general; en la medida que intentamos desenmascarar la mentira sobre la realidad de los profundos niveles de pobreza que vive nuestro pueblo y los niveles ofensivos de riqueza que ha acumulado la burguesía oligárquica de nuestro país, así como del abuso de la mayoría de las empresas transnacionales radicadas en nuestra economía. Realidad que siempre se ha ocultado y lastimosamente hasta este momento, se continúa con esa misma actitud por parte de las actuales autoridades gubernamentales y la inmensa mayoría de los políticos, aduciendo principios de racionalidad, cálculos electorales y estabilidad política; todo esto, a favor del sistema capitalista imperante y de intereses personales y de grupos, olvidándose de la grave crisis que vive el pueblo y de los derechos económicos, políticos y sociales de éste.

Salvador Arias

30 de abril de 2010.

Fuente: Arias Peñate, Salvador. (2010). Atlas de la pobreza y la opulencia en El Salvador. San Salvador: s.n. (Talleres Gráficos UCA).